A Bonaire …. y vuelta!

Debería de estar escribiendo sobre una maravillosa travesía a vela desde el archipiélago de Guna Yala, en Panamá, hasta la isla de Bonaire en el Caribe.  Una travesía de unas 800 millas donde el viento nos acompaña y nos ayuda a avanzar a nuestro destino, Bonaire, donde pensábamos pasar los dos próximos meses disfrutando de su maravilloso clima y mar.

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Ceñida a rabiar

En realidad, escribo sobre una travesía que nos llevó 15 días, en la que desde las mismas costas de Cartagena, en Colombia, ya nos estaba avisando de que no nos lo iban a poner nada fácil.

 

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Chubasco frente a Cartagena

El primer aviso fue un chubasco o culo de pollo frente a Cartagena. En pocos minutos pasamos de un viento casi calma del SW, íbamos con todo el trapo fuera, a viento de 30/40 nudos del NE, en toda la cara. Por suerte, la tripulación vio venir la nube y enrolló a tiempo toda la Genoa y dejo un pañuelo de mayor, con lo que no hubo más destrozo que la media de millas que estábamos haciendo. Tuvimos que dar la vuelta y ponernos a palo seco a correr la embestida, haciendo solo 2/3 nudos para no alejarnos mucho. Duró unas 3 horas y luego se quedo como estaba, vientos flojos de SW y vuelta a nuestra ruta hacia Bonaire.

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Desde la popa

Pasado Cartagena, ya de noche, el viento empezó a arreciar y se mantuvo así casi toda la travesía, un alisio  fuerte de 20 a 25 nudos del Este, siempre del Este. Así llegamos a Puerto Velero y decidimos entrar a pasar una noche o dos, para descansar de tanto meneo y sobretodo porque las correas del alternador, recién cambiadas en Panama,  patinaban cuando al motor se le metía un poco de caña. Entramos al fondeo casi sin motor y de noche, gracias a dios es una bahía amplia, balizada y conocida. Fondeamos, cenamos  y a dormir. Al día siguiente la Guardia Costera nos tomó nota y nos ofreció ayuda si la necesitáramos. Gente muy profesional y siempre dispuestos a ayudar, puro Colombia!.

Salimos de Puerto velero dos días después, de madrugada para coger un poco de brisa de tierra y avanzar mas cómodos al paso de la desembocadura del Magdalena, con sus inconvenientes de troncos y corrientes. Pues no duró la brisa, al poco ya teníamos 15 nudos de Este, que en cuanto salió el sol arreció a los 20 /25 constantes de todos los días. Total, que a hacer bordos para superar la desembocadura del rio. Para cuando llegamos a la altura de Santa Marta, ya llevábamos un rato con vientos de 35 nudos y más de 40 de aparente en el morro. El Imagine lo lleva genial, alguna ola nos pasa por encima, la banda siempre bajo el agua, la escora es casi siempre más de 30 grados, pero avanza con soltura. La tripulación no lo lleva tan bien, es imposible usar la cocina, y moverse por el barco sometidos a los G que generan las embestidas de las olas es un esfuerzo enorme y un peligro de accidente a cada momento.

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Mojando la banda
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Bahía de Santa Marta

Decidimos entrar y fondear en Santa Marta. El controlador de tráfico del puerto, muy amable, nos facilita la maniobra y entramos al fondeo de noche, pero sin mayor problema, está balizado y es fácil.

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Fondeo en la bahía de Santa Marta
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Santa Marta al atardecer

Ya nos habían avisado de que en el fondeo en todas las bahías cerca de la Sierra de Santa Marta, hay que tener muy claro el agarre y largar toda la cadena que tengas, porque por la noche  bajan  de la montaña vientos de hasta 40 nudos a modo de cachetadas, y te pueden hacer perder el fondeo. Lo vivimos esa noche, no llegó a 40 nudos pero si a 30 y pocos, duró unas horas y luego se  calmó de nuevo y pudimos descansar a gusto.

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El Morro de día
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Isla del Morro, Santa Marta

El tramo más complicado, ya lo sabíamos, era el de Santa Marta hasta el cabo de la Vela. En todo ese tramo no hay bahía donde refugiarse. Son 150 millas y hay que hacer noche, pero lo peor fue que el viento no descansó ni un día. Siempre de 20 a 25 de día y hasta 35 de noche, y el mar de fondo del Norte de 3 a 4 metros, más la ola de viento del Este. Así que no nos quedaba más remedio que pasar toda la travesía haciendo bordos para intentar alcanzar el Cabo.

Hay que decir,  que si la distancia entre dos puntos en linea recta es X , la distancia navegando a vela haciendo bordos puede duplicarse, y el tiempo claro.

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Mas de lo mismo

En el cabo de la Vela, además, apareció un componente con el que no contábamos.  La corriente, una corriente que supuestamente es la corriente generada por el Atlántico entrando en el Caribe, y que en esta zona pasa por la ABC y sube por la costa del golfo de Venezuela y la península de la Guaira, donde esta el cabo de la Vela, y justo ahí, donde estábamos intentando hacer Este, corre en dirección NW a W y con una intensidad de 2 a 3 nudos!!

Todo esto hacía que tuviéramos una deriva enorme y que no pudiéramos ganar el Este que queríamos. Hay que sumar que nuestro barco no tiene una trinqueta para vientos fuerte, y que al mal uso del genoa, muy enrollado, hace que el barco derive más de lo debido. En fin, nuestro deseo de seguir avanzando hacia el Este se iba complicando cada vez más.

Intentamos ayudarnos con el motor para con un poco más de empuje, evitar algo de deriva, pero claro, con tanto meneo, el  gasoil estaba todo mezclado con la porquería que hay en el fondo y lo normal fue lo que pasó. El motor se paró por obturación de la línea de gasoil. Una vez limpio el nipple del depósito, donde se suele obstruir, seguimos nuestro avance.

El siguiente problema fue a 160 millas de Aruba, en el bordo de babor. Yendo rumbo casi Norte con motor y velas y esperando la virada que nos dejara, por fin, superar el cabo de La Vela, el motor pierde todas las revoluciones y ya no acelera. Lo paramos y decidimos volver a Santa Marta a arreglarlo. Durante la vuelta y gracias a la información dada por nuestro amigo Wolfgang del Malevaje, deducimos que habíamos enganchado algo en la hélice, probablemente un plástico grande o una red. Haciendo pruebas con la marcha atrás, al final, lo que fuera que se enganchó, con la misma se soltó y el motor ya podía acelerar de nuevo. Así que toda la tripulación decide unánimemente continuar con nuestra travesía a Bonaire. Aruba la teníamos en la punta de los dedos.

Cuando volvimos a estar de nuevo a 160 millas de Aruba, bastante al Norte, para en el siguiente bordo, si no pasar, si alcanzar la bahía de Puerto Bolivar, nos enteramos que una tormenta tropical, de nombre Gonzalo, pasará por las ABC y se transformará en huracán, siguiendo una ruta en dirección opuesta a la nuestra y a nuestra altura, es decir, el cabo de la Vela. Se debilitará de nuevo en tormenta tropical y luego depresión tropical y luego se desvanacerá.

Opciones, refugiarnos en Puerto Bolivar y esperar a que pase. Es la única opción si queremos seguir.  La de seguir navegando, con algo así pululando tan cerca, no nos la planteamos de ninguna manera.

Después de mucho debate, consultas etc. se nos encendió la luz del sentido común, como dice la primera oficial de este barco: QUE NECESIDAD!!!

Estábamos empeñados en un plan, y ese plan nos estaba diciendo que no era posible, al menos ahora. El barco estaba sufriendo un paliza considerable, de hecho la genoa, es la más sufrida. Se empezó a deslaminar, es de sándwich y las capas de Tafeta exteriores se estaban levantando dejando a la vista las tiras de fibra del interior, gran problema. La tripulación estaba ya muy cansada y machacada de tanto bote y las condiciones no han mejorado ni un ápice en todos estos días.

Así que decidimos que había que tener otro plan. El mejor era volver a Panamá, pasar allí los meses que quisiéramos en GUNA YALA y cuando fuéramos a volver a España, dejaríamos el barco en Linton o alguna otra marina y listo. En cuanto le dimos la vuelta al barco, el mundo entero cambió. El viento aparente baja, la ola ya no está en la proa sino en la popa, con lo cual no molesta casi, y la tripulación por fin puede descansar y hacer de comer etc.

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Atardecer en Santa Marta
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Rio Magdalena en el mar

En la vuelta volvimos a parar en Santa Marta y en Puerto Velero para poder hacer una cena con vino incluido y dormir tranquilos. Pasamos el Magdalena de día, sin novedad y así volvimos a nuestra Isla Mágica en GUNA YALA.

Como recompensa, el destino nos regaló casí 5 días de tiempo perfecto, sin viento, lluvia ni tormentas. Días secos y soleados que disfrutamos enormemente en nuestra isla y nos dieron el descanso que necesitábamos.

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De vuelta a nuestra Isla Mágica

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De nuevo en la rutina diaria de Guna Yala

Siempre hemos pensado que esta es la esencia de nuestro navegar por el mundo, el que puedas realizar un plan o el contrario, no nos sentimos obligados por nada. Si algo se tuerce, buscamos otra opción, porque todas son válidas si estás haciendo lo que quieres. En estos tiempos tan raros, donde uno ya no se puede mover con libertad. Donde hay que pedir permisos para cambiar de sitio o para entrar en un país, todo se hace mas difícil. Ya no está en tu mano cambiar los planes a tu gusto. Pero esperemos que la normalidad, algún día, se imponga de nuevo, y volvamos a disfrutar de esa libertad necesaria para navegar, recorrer  este, nuestro planeta.

2 opiniones en “A Bonaire …. y vuelta!”

  1. Me lo paso bomba leyendo vuestras hazañas. A veces pienso que estáis locos, otras, que aún mantenéis la cordura, el caso es que estáis ahí, o allí pero siempre con ánimo y salud.
    Avanti y besos.

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